La demora también gobierna. Mientras la izquierda convierte la urgencia en negociación, los más pobres pagan una espera que puede costarles la vida.

En la Comisión de Constitución, presidida por JP, han descubierto una forma exquisita de combatir la delincuencia y enfrentar El Niño. Consiste en suspender la sesión y pasar a cuarto intermedio. El sicario sigue trabajando, el transportista sigue pagando cupos y la familia que vive junto a una quebrada sigue temiendo las lluvias. Sus señorías necesitan garantías, compromisos y confianza. Al ciudadano le toca esperar sin ninguna de las tres.
El 30 de setiembre, las facultades solicitadas por el Gobierno quedaron pendientes de votación. Otra pausa, otra negociación, otro calendario. La urgencia nacional tendrá que acomodarse a la disponibilidad parlamentaria. Afuera entierran víctimas. Adentro todavía buscan una fórmula.
Giannina Avendaño sustentó un predictamen que recomendaba rechazar, de plano, el pedido completo. Después anunció un cuarto intermedio para revisar los textos sustitutorios de tres bancadas. Para negarlo todo había una recomendación lista. Para aprobar siquiera lo indispensable, todavía faltaba conversar. Singular eficacia de una presidencia que llegó antes al archivo que al acuerdo. Si había alternativas para delimitar las facultades, ¿por qué la respuesta mejor preparada era rechazarlas?
Discutir los límites del Senado corresponde. Convertir esa disputa en condición para atender emergencias sería una burla. Que resuelvan sus diferencias entre cámaras sin hacer del ciudadano un rehén. La extorsión no espera una interpretación reglamentaria. La lluvia tampoco.
Fiscalizar exige precisión. Dilatar apenas necesita una excusa. Nadie pide entregar un cheque en blanco al Ejecutivo. Se exige que el Congreso deje de cobrarle al país cada desacuerdo con días perdidos. Recorten, corrijan, delimiten y voten. Para eso ocupan esos asientos. El sueldo llega puntualmente. La respuesta al ciudadano, cuando haya consenso.
Los bloques de izquierda que insisten en el rechazo integral podrán presentar la demora como rigor parlamentario. Cuesta reconocer tanta exigencia como vocación de servicio cuando tampoco consiguen acordar lo urgente. Qué curiosa sensibilidad social, capaz de identificar cada defecto del pedido y tan poco diligente para corregirlo. Para invocar al pueblo nunca les falta voz. Para atenderlo siempre falta un informe.
Ese pueblo conduce una combi, atiende una bodega, levanta una pequeña empresa. No dispone de asesores para interpretar amenazas ni de resguardo para volver a casa. Paga por trabajar y puede morir por negarse. Mientras los representantes discuten garantías políticas, los representados buscan garantías para seguir vivos.
Y está la amenaza de un Niño feroz que ya habita entre nosotros. En quebradas, laderas y cerros, prevenir significa evitar que el agua se lleve la vivienda, el negocio y la vida. La pobreza también consiste en no poder mudarse fuera del peligro. Ninguna familia detendrá un huaico mostrándole el acta de una sesión.
El Gobierno deberá responder por las facultades que reciba. Quienes dilatan la decisión, por el tiempo que hacen perder. Fiscalizar no concede inmunidad frente a la irresponsabilidad.
Si el cálculo es desgastar al Gobierno, convendría mirar dónde cae la factura. El costo político puede esperar a las encuestas. El costo humano se cobra todos los días.
Hablan en nombre de los pobres y administran el tiempo como si estos tuvieran otra vida de repuesto. Después pedirán un minuto de silencio por quienes no pudieron seguir esperando.
