Una muerte de ‘tipo homicida’ por ingesta de ‘sustancia tóxica’ que no se quiere investigar desde hace diez años.

En el décimo aniversario de la sospechosa muerte de Emerson Fasabi (+27), el empleado todo terreno de Ollanta Humala Tasso (63) y Nadine Heredia Alarcón (49), el abogado Sandro Balvín anunció que pedirá al Ministerio Público el desarchivo del caso, amparado en el Informe Final de la Comisión de Fiscalización del Congreso que determinó que su deceso fue de ‘tipo homicida’ y obedeció a la ingesta de una ‘sustancia tóxica’.
Balvín Sáenz- quien patrocinó legalmente a la familia Fasabi- reiteró que el deceso del licenciado del Ejército estuvo rodeado de hechos irregulares, desde su desaparición en las horas previas a su muerte, hasta su traslado acelerado por dos choferes presidenciales, Juan José Peñafiel Reyes y Oswaldo Otiniano Villaca, a la localidad de Tahuanía, donde fue sepultado.
Emerson Fasabi falleció en la joche-madrugada del 21 al 22 de julio del 2015, en el cuarto ‘D’ que alquilaba en el N° 100 de la calle Castrat, a unos metros de la entonces residencia presidencial, en medio de un hecho que sacudió la política nacional: el robo de las agendas de Nadine Heredia.

El representante de la Décimo Quinta Fiscalía Provincial Penal de Lima, Fidel Castro Chirinos, cerró el caso como una muerte natural, sustentado en el Informe Pericial de Necropsia N° 002515-2015, que señaló que el muchacho ucayalino de apenas 27 años había muerto por una ‘pancreatitis hemorrágica aguda’ que tuvo como agente causante al ‘etanol’.
Más allá de los dos médicos que realizaron la necropsia- Raúl Walter Mostajo Merino (CM Nº 31817) y Jorge Hipólito Vilcapaza Atamari (CM Nº 37954)- nadie creyó la historia, pues esa dolencia no es causa de muerte súbita y tiene un cortejo de dolor intenso que debió obligarlo a pedir ayuda a los dueños de casa o a los miembros del resguardo presidencial, repartidos entonces por toda la cuadra.
La muerte de Fasabi se produjo en unos días de zozobra política para los Humala-Heredia, pues aunque se mantuvo en reserva al ojo público, ya se había descubierto en el interior de la residencia el robo de las agendas, una trama en la que estuvieron involucradas la ex ama de llaves Micheline Vargas y la empleada Luz Ani Monteza.

Luego de la cuestionada actuación fiscal, el caso fue investigado por la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República (moción de orden del día N° 2331), donde se determinó- en febrero del 2018- que el deceso del ex cabo EP fue de ‘tipo homicida’ y obedeció a la ingesta de una ‘sustancia tóxica’ no detectada por el screening del laboratorio del Instituto de Medicina Legal.
Las conclusiones del documento cayeron en saco roto y el 4 de noviembre del 2020- cinco años después de la muerte de Fasabi- la nueva Comisión de Fiscalización del Congreso aprobó por unanimidad (11 votos a favor) pedir el desarchivo del informe final de la investigación, atendiendo una solicitud de su presidente, Edgar Alarcón Tejada (UPP).
El abogado Sandro Balvín mencionó: ‘Es una muerte sospechosa que no debe quedar impune, sobre todo porque manos extrañas han movido cielo y tierra para que el caso se entierre junto al cadáver de Fasabi en Tahuanía’.


El aniversario de la muerte de Emerson Fasabi, empleado cercano a la pareja presidencial Ollanta Humala y Nadine Heredia, nos confronta con una verdad incómoda: la impunidad en el Perú no solo corrompe conciencias, sino que ahora sega vidas. Fasabi, según la investigación periodística de Eduardo Deza en Una muerte en agendas, habría sido una pieza clave en la sustracción de las agendas donde Nadine Heredia registraba minuciosamente las cuentas que expusieron las turbias maniobras económicas de la pareja, tanto antes como durante su paso por el poder. Su muerte, envuelta en circunstancias sospechosas, marcó un precedente que hoy resuena con más fuerza ante casos recientes igualmente inquietantes.
En el último año, dos muertes han encendido las alarmas: Nilo Burga, presidente de Frigoinca, hallado sin vida en un hotel de Magdalena, y José Miguel Castro, hombre de confianza de la exalcaldesa Susana Villarán. Ambos casos, etiquetados como «suicidios», están rodeados de inconsistencias que desafían las investigaciones oficiales. Burga, cuya muerte no encaja con las evidencias recabadas, y Castro, quien conocía al detalle los secretos de Villarán, comparten un patrón perturbador: la verdad que portaban era una amenaza para quienes detentan o detentaron el poder. ¿Coincidencia? La respuesta es clara: la impunidad no solo protege a los corruptos, sino que elimina a quienes osan exponerlos.
Estos tres casos —Fasabi, Burga y Castro— no son aislados. Son síntomas de un mal mayor que carcome las entrañas de nuestra sociedad: una corrupción tan arraigada que no duda en recurrir al asesinato para preservar sus secretos. ¿Hasta cuándo seguiremos tolerando esta podredumbre? ¿Es aceptable que, como sociedad, cerremos los ojos ante una impunidad que no solo roba nuestro presente, sino que ahora arrebata vidas? El silencio nos hace cómplices. La indiferencia nos condena.
Hoy, al conmemorar la muerte de Emerson Fasabi, debemos hacernos preguntas incómodas: ¿qué tan lejos estamos dispuestos a dejar que llegue esta maquinaria de corrupción? ¿Cuántas vidas más tendrán que apagarse para que reaccionemos? No basta con indignarnos; es hora de exigir justicia, de desmantelar las redes de poder que operan en las sombras, de alzar la voz contra una impunidad que nos devora. Porque si no actuamos, la próxima víctima podría ser cualquiera de nosotros.
HAY RASTROS APARENTES DE UNA ORGANIZACIÓN CRIMINAL EXTRANJERA (POSIBLEMENTE BRASILERA) ENVUELTA EN VARIOS HECHOS DE SANGRE OCURRIDOS EN NUESTROS PREDIOS COMO EL DE BURGA, CASTRO Y OTROS MÁS QUE NO HAN SIDO EXPUESTOS AL OJO PÚBLICO. LO DE FASABI, HASTA DONDE SE CONJETURA, HABRÍA TENIDO QUE VER CON ALGO MÁS AUTÓCTONO, HECHO EN PERÚ POR NO DECIR NACIONALISTA. LO ESPELUZNANTE ES QUE CASI SE ESTÁ NATURALIZANDO EL ASESINATO EN NUESTROS PREDIOS, MIENTRAS TODOS PIERDEN CADA VEZ MÁS LA CAPACIDAD DE ASOMBRO.
NADIN Y OLLANTA NEGARON QUE FASAVI ERA SU EMPLEADO TODA SU SEGURIDAD SABIAN LO QUE PASÓ UNO DE ELLOS ALERTÓ A LA PRENSA DE LA MUERTE MISTERIOSA DE FASAVI QUE FUE INGRESADO CÓMO «NN» EN LA MORGUE. AMIGO DE FASAVI DECÍA QUE SABÍA DEMASIADO IGUAL SU PRIMA CAROLA.
EN EFECTO, ESO ERA UN SECRETO VOCES O ALGO QUE SE DECÍA ENTRE DIENTES PERO QUE TODOS SABÍAN EN LA CALLE CASTRAT. LAS IRREGULARIDADES ASOMARON DESDE EL PRINCIPIO, CON MÉDICOS DE LA MORGUE DICIENDO QUE LA PANCREATITIS LA GENERÓ UNA COPA DE ALCOHOL, UN FISCAL ARCHIVANDO UNA INVESTIGACIÓN SIN INTERROGAR A LA PRINCIPAL ACUSADA Y DOS CHOFERES PRESIDENCIALES LLEVANDO EL CADÁVER A TAHUANÍA POR AIRE, RÍO Y TIERRA. EL FISCAL DE LA NACIÓN DE ENTONCES, COMO TITULAR DE LA ACCIÓN POENAL, DEBIÓ HACER ALGO AL RESPECTO. ¿LO HARÁ ALGUIEN POR FIN?