DECADENCIA ELECTORAL

Es increíble la pobreza intelectual que la mayoría de candidatos ha puesto en evidencia en el debate electoral organizado por el Jurado Nacional de Elecciones. Para los que hemos tenido la suerte de haber presenciados debates y mítines políticos magistrales, como los registrados en la década del 80, en que la democracia y la libertad fueron reinstauradas en el país, sabemos diferenciar la calidad oratoria y de contenido en los discursos políticos de aquella época comparados los cuasi balbuceos de los postulantes actuales. La distancia es tremenda. Haber escuchado y visto a Fernando Belaunde Terry, Víctor Raúl Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez Sánchez, Alfonso Barrantes Lingán, Luis Bedoya Reyes, Andrés Townsend Ezcurra, Armando Villanueva del Campo, Alan García Pérez, Genaro Ledesma Izquieta y Hugo Blanco Galdós, por citar solo a algunos, que al margen de sus ideologías y tendencias políticas supieron cultivarse para expresarse con pulcritud, respeto y calidad. Con disertaciones estudiadas, enérgicas y cargadas de pasión política y con base ideológica, no las barrabasadas que hemos podido escuchar en estos seis días a lo largo de dos semanas que duró el encuentro de candidatos, porque decir que fue un debate es demasiado. La palabra debate le queda grande. Parecía un encuentro callejero, como el de esos ciudadanos sin oficio ni beneficio, que pululan por la Plaza San Martín de Lima y protagonizan discusiones paupérrimas con más odio que contenido y muchas de ellas cargadas de disparates impunes que se amparan en la oscura ignorancia de sus escuchas.
Este debate presidencial ha servido para dibujar claramente la decadencia electoral en la que estamos sumidos. Los candidatos en su mayoría son cabecillas de partidos que tienen denuncias vigentes y múltiples investigaciones en curso por corrupción y tienen el cuajo para presentarse a nivel nacional y hablar de anticorrupción, de decencia y de no a la impunidad. Es indignante ver la debilidad del sistema democrático cómo ha sido socavado por las mafias de los partidos políticos, que se han apoderado del Estado para convertir al país en una republiqueta corrupta. Por todo ello es que estas Elecciones Generales son vitales para la recuperación de la decencia en el país.

El Perú no soportaría más un gobierno corrupto. Los jóvenes, los indecisos y los indiferentes deben entender que se están jugando su futuro en estas elecciones, equivocarse y votar sin investigar a su candidato o elegir por estúpida venganza, puede significar arruinar lo que les queda de vida. Elegir mal puede ser el boleto de salida de una diáspora peruana que nos lleve en unos cuantos años a emular la experiencia venezolana. Triste sería ver a nuestros jóvenes abandonar el país para irse a vender pan con pollo y emoliente en los países vecinos o a Europa, todo ello por no haber sabido elegir con inteligencia. Es un escenario miserable el que planteo, pero posible, por ello exige reiterar el llamado a la conciencia cívica de la búsqueda del bien común mayoritario. La mayoría de políticos que se han presentado en el debate carecían de propuestas concretas y viables, su presentación con esos contenidos expuestos son manifestaciones irrespetuosas hacia los electores y la ciudadanía en general. Percibo que la mayoría de los postulantes fueron al debate por cumplir, por salir del paso, parecía como que ya el negocio estaba cerrado estando en campaña, como que si ya la factura estuviese pagada y solo había que cumplir con una más de las formalidades que obligaba el contrato electoral. Y es que en la práctica es así. El mejor negocio en el Perú es crear un partido político, o mejor dicho una mala empresa que funja de agrupación política. Basta con hacer una sola inversión para juntar firmas, copiarse una ideología de internet y utilizar la Inteligencia Artificial para voltear el texto y hacerla suya y listo. Y lo mismo hacer con el Plan de Gobierno, solicitárselo a la IA y listo el pollo. Cada cinco años facturan cientos de miles de soles con lo que les cobran a los postulantes en sus listas, libre de impuestos y sin que la Sunat se entere. Y si los tontos útiles los ayudan y salen elegidos, tienen cinco años para desvalijar al Estado y hacerse de un botín que proviene de nuestras riquezas naturales e impuestos. Una vez en el poder se olvidan de la administración del Estado y se dedican a buscar las más jugosas ‘coimisones’ y a permanecer impunes ante la justicia. Es así como esta nueva clase política está utilizando el sistema democrático y el poder. Las mafias que administran el país se han puesto en evidencia hace unas semanas en el Congreso de la República, cambiando de presidente encargado, en una repartija asquerosa, que no es más que un acto de traición a la patria, que amerita el paredón. Estas malas artes son propias del accionar comunista infiltrado en nuestro sistema que está utilizando la democracia para tomar el poder y levantarse en peso al Estado, como lo hicieron la dinastía Castro en Cuba, Chávez y Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, etc. Advertidos estamos, pero muchos aún persisten en el error.

Yo me pregunto: ¿Dónde están las jóvenes mentes ilustres?, ¿dónde están los peruanos de gloria y honor?, ¿dónde están los verdaderos hijos amantes de esta tierra maravillosa y bendita?, ¿dónde están los hijos laureados de la academia que no levantan su voz para ser escuchados?… dónde quedó el discurso elegante e idealista, cargado de amor y pasión por el Perú. ¿Dónde están las voces jóvenes?, ¿dónde están?… No permitamos que el eco maravilloso de esas palabras que retumbaron con la recuperación de la democracia en la década del 80 se apague bajo el gruñido de los corruptos que hoy se han apoderado de la palestra y nos quieren hacer creer que son mayoría. Eso es mentira, los peruanos de bien somos la verdadera mayoría y los que movemos y mantenemos viva esta hermosa tierra del sol.
Que no nos hagan creer que todo está perdido, y que este es un nuevo orden, hoy más que nunca urge recuperar la decencia, la corrección y la moralidad en la política. La esperanza como siempre está en la juventud de corazón puro, que está tomando la posta. No permitamos que la corrupción la envenene con sus vanidades, sigamos vigilantes y orientando a esa nueva generación que ya tiene la responsabilidad de dirigir el curso del barco hacia aguas limpias y puras. La decencia nunca pasa de moda.

