PESADILLA ELECTORAL

Estamos a puertas de las elecciones generales más extrañas de nuestra historia. El domingo 12 de abril con nuestro voto decidiremos el nivel de estrés que tendremos para los próximos cinco años. Todo esto si es que no hay segunda vuelta, de ser así, esta se realizaría el 7 de junio del año en curso.
Es un proceso pesado y con más dudas que aciertos. No hay campaña electoral en los medios de comunicación tradicionales y al parecer recién el lunes arrancaría una campañita. Año difícil para las ventas publicitarias para los diarios, canales de televisión y radios, lo cual debilita la permanencia empresarial de muchos de ellos. Estas elecciones sin campaña electoral son contraproducentes, pues los medios de comunicación garantizan el ejercicio pleno del sistema democrático y para ello requieren recursos económicos. Pero este es un tema adicional del que me ocuparé en una próxima columna.
Más que una fiesta electoral, la que se avecina es una pesadilla electoral. Con una cedula casi del tamaño de un papelógrafo con 36 partidos políticos con plancha presidencial y lista parlamentaria, además de dos partidos solo con postulantes al congreso, el proceso de elección se presenta engorroso y confuso. Esa cedula es un carnaval multicolor de papel, parecido a un crucigrama sin resolver, con recuadros, fotos, logos y dibujitos por todos lados, casi un acertijo diseñado para votar errado. Por ello es urgente que los ciudadanos decentes y comprometidos con su responsabilidad cívica y política se informen y se preparen para votar sin error y entregar su voto de manera certera al candidato o la lista de su preferencia. Esto requiere informarse adecuadamente y hasta hacer una especie de simulacro doméstico del acto de marcar en la cedula. Aquí la familia tiene que reagruparse para cuidar que su voto sea válido y refleje exactamente su preferencia. La Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Jurado Nacional de Elecciones están en la obligación de realizar una intensa campaña para capacitar a los electores en la manera correcta para cumplir con su derecho y obligación ciudadana. Por otro lado está el escrutinio y conteo de esos votos, ubicar en ese mar multicolor las aspas que señalan el voto va a ser una tarea que requerirá mucha agudeza visual y concentración. Los personeros van a tener que duplicar su estado de alerta y calidad visual.

Ninguna elección electoral es broma y mucho menos esta, en la que está en juego el futuro inmediato del país. Ninguna más importante que esta, pues estamos culminando a trancas y barrancas un periodo electoral de cinco años con cuatro presidentes mediocres y corruptos, que no han dado la talla y están dejando al país ahogándose bajo una ola de sangre que no cesa y que tiñe de luto a diario a varias familias con total impunidad.
La inoperancia de los sistemas de salud (MINSA y Essalud) es indignante, están colapsados y sin medicinas como que si estuviésemos en una guerra. No hay citas, no hay medicamentos y lo peor es que hay dinero y presupuesto. Estamos a una semana de iniciar las clases y hay colegios colapsados por todo el país. La explicación es simple, los funcionarios de confianza de todas las instituciones del Estado están más preocupados en robar que en hacer bien su trabajo, no hay otra explicación. No puede ser que haya tanta gente inepta e incapaz para poder hacer algo bien.
Así pues, más que nunca del resultado de estas elecciones depende el futuro del país. Estamos para elegir entre el cielo y el infierno, mientras tanto seguimos atravesando el purgatorio político, económico y social al que nos sometieron los resultados de la última elección, en la que Pedro Castillo fue ‘elegido’ como presidente y Perú Libre, como partido de gobierno. De ahí para adelante todo lo que ha devenido es culpa del profesor y su partido. Todo, absolutamente todo, sobre todo lo malo. El grado de corrupción actual en el Estado es consecuencia de su presencia partidaria en todos los ministerios, sumado a la repartija paulatina que conllevó la presencia de cada uno de los presidentes. Y se han dado cuenta que este gobierno no tiene ni un solo programa de lucha contra la corrupción. La inestabilidad política causada por la corrupta y mediocre administración de la segunda vicepresidenta, Dina Boluarte, solo sirvió para acentuar más el caos y la zozobra. La pobrísima capacidad de gestión que demostró se traduce en la ola de violencia perenne que sufre la ciudadanía. El gobierno de Perú Libre no tenía plan de gobierno coherente y he aquí los resultados. Un país que sobrevive porque Dios es peruano y San Julio (Velarde) está presente en el Banco Central de Reserva para avisar en cuanto haya algún intento de imprimir un solo billete de santarrosita sin respaldo. O si quieren meterles mano a las reservas internacionales.
Estamos viviendo las consecuencias de un voto irresponsable, en una elección con claras sospechas de fraude, cuyo poder cayó en las manos podridas de la izquierda comunista, que ni bien se enteró que salió favorecida, entró a saquear el Estado como marabunta hambrienta. A robar descaradamente y sin miramientos, porque señores, discúlpenme, pero hasta para robar se debe tener clase. Estos fariseos entraron y permanecen como pirañas para robar al arranchón, para llevarse todo el billete que se le pone en frente. Contraloría y la Procuraduría tienen que estar en alerta continua y con mucho ojo con las reliquias que tiene la sede presidencial. Cómo irán a dejar Palacio de Gobierno, capaz de robarse hasta el hielo de las congeladoras. Una desvergüenza total. Jamás habíamos caído tan bajo en calidad administrativa de gobierno, sobre todo en lo que se refiere a decencia, ética y moral. Un asco. Para muestra un botón, el destituido juez, que funge de presidente de la República, José María Balcázar, está luchando a brazo partido para recuperar la tarjeta de gastos por 5 mil soles que había sido anulada. A estos angurrientos no les basta con su abultado sueldo y gollerías, quieren más y más. Están acostumbrados a succionarle al Estado todo a cambio de nada. Eso tiene que terminar.
