Fuerza Popular quebró el bloqueo y dejó a sus adversarios invocando la democracia que pretendían mantener sin quórum.

Habían contado las ausencias. Les falló el cálculo. El lunes, Fuerza Popular consiguió en la Comisión de Constitución del Senado una victoria táctica que desarmó el bloqueo opositor. Falta superar el pleno, pero el resultado dejó una advertencia política. Quienes creían tener asegurada la parálisis también podían perder sin presentarse.
La secuencia empezó con un contraste elocuente. El miércoles 14, Francis Donovan, jefe del Comando Sur, estuvo en Perú para fortalecer la cooperación contra el narcotráfico y el crimen transnacional. La administración Trump estrechaba vínculos mientras aquí se preparaba otra retirada parlamentaria. Afuera se coordinaban respuestas; adentro se administraban obstáculos.
El jueves, las bancadas opositoras dejaron la comisión sin quórum. El viernes, según lo trascendido, el senador Flavio Figallo, de Buen Gobierno, habría acordado con los voceros de Ahora Nación, Renovación Popular, Obras y Fuerza Popular garantizar la asistencia del lunes. El compromiso era permitir el debate. Nadie estaba obligado a votar favorablemente. Asistir no significaba rendirse, sino cumplir con el trabajo parlamentario.
El domingo, sin embargo, Jorge Nieto apareció en RPP y luego en un dominical reivindicando su propia negociación con una alta autoridad gubernamental. Su fórmula consistía en aprobar las veinte facultades avaladas por Diputados y tramitar las siete propuestas adicionales del oficialismo por separado, mediante proyectos de ley. Para estas últimas ofrecía celeridad.
¿Celeridad después de semanas de entrampamiento? Quien demora la salida no puede venderse después como atajo. Si, como trascendió, Nieto retiró el respaldo a la asistencia comprometida por Figallo tras el rechazo de su propuesta, habría subordinado aquel entendimiento al éxito de su intermediación. El país podía esperar; su protagonismo, aparentemente, no.
Ese es el problema político. Discutir el alcance de las facultades corresponde al Parlamento. Condicionar el debate a la aceptación de una negociación personal convierte la búsqueda de consenso en una exigencia de obediencia. Nieto ofrecía una puerta, pero pretendía quedarse con la llave.
El lunes 19, la asistencia de Roger Astucuri, de Obras, permitió alcanzar el quórum. Con siete votos a favor se aprobó el dictamen con veintisiete materias. Fuerza Popular encontró el respaldo suficiente para desbaratar el bloqueo. Una silla ocupada derrotó toda una estrategia de ausencias.
Ese mismo día, Bernie Navarro y Ryan Shrum coordinaban en el Callao acciones de preparación y respuesta humanitaria ante El Niño. Mientras unos preparaban la ayuda, aquí todavía se disputaba la posibilidad de debatir las herramientas del Ejecutivo.
Ahora presentan el revés como autoritarismo. Las objeciones jurídicas merecen respuestas y deben debatirse. Pero perder el control del trámite no equivale a perder la democracia. El quórum no se vuelve ilegítimo porque arruine un boicot.
Quienes padecen extorsiones o esperan protección ante las lluvias siguen pagando cada demora. Para ellos, una sesión frustrada no es una jugada parlamentaria. Es otro día sin respuestas.
Falta el pleno, convocado para mañana. Después tocará exigir resultados al Ejecutivo. Haber vencido un bloqueo no lo exime de gobernar bien; lo obliga a demostrar para qué necesitaba las facultades. Sus adversarios, entretanto, tendrán que explicar por qué su defensa de la democracia dependía de impedir que otros debatieran.
Habían contado con todas las ausencias, salvo una que no se produjo. Les faltó una silla. Vacía.

