
La profesión más poderosa del mundo se encuentra en peligro de extinción. El periodismo, la vieja libreta de apuntes de la historia (Bill Kovach, exeditor de The New York Times), está cerrando uno de sus ciclos más gloriosos y escribiendo su propia historia.

El uso masivo de la internet ha ‘democratizado’ el ejercicio del periodismo, lo cual ha devenido en un monstruoso libertinaje del uso informativo, dando como resultado la prostitución masiva del oficio.
Todos los que tienen acceso a internet, por cualquier medio, se creen reporteros y ejercen de mala manera el periodismo. Y esto se ha convertido casi en una fiebre o una manía enfermiza a nivel mundial. En las calles de todo el mundo los ciudadanos de todas las clases sociales se conducen siempre con el celular en ristre y en alerta total, preparados para comenzar a grabar cualquier acontecimiento que se les ponga en frente, les parezca noticia, hecho singular, entretenido, comprometedor, ilegal, justiciero, jocoso o ridículo por citar solo algunas características, con la única finalidad de subirlo a las redes y que se vuelva viral, sin siquiera saber conscientemente por qué lo hace.
El ejercicio del periodismo civil y callejero se ha concentrado y resumido en la grabación en video y la emisión inmediata a través de las plataformas y redes sociales del autor. Sin editar y sin siquiera calibrar de manera primitiva las consecuencias del mensaje enviado. Lo terrible de este ejercicio irresponsable y hasta inconsciente de esta ‘especie’ o ‘deformación’ del periodismo es que el autor no tiene la ni idea de lo que está haciendo. Solo lo hace por alcanzar notoriedad o fama, sumar me gustas en sus redes y porque cree que de algo va a servir que la gente vea su video o lo que ha sucedido. Así de estúpido como suena.
Las redes sociales están plagadas de ejemplos de lo que menciono. Antes que la plataforma digital lo filtre por trasgredir las reglas de protección al menor o por contenido violento y pueda eliminarlo, cualquier menor o persona susceptible puede acceder a ese material y ver en tiempo real un video de un asesinato, un violento atropello, una violación y cualquier acto que pueda dañar la estabilidad emocional de cualquier usuario de la red de redes. Y lo más indignante es que la mayoría de personas que consumen este material creen o suponen que los autores son periodistas profesionales o que han sido emitidos bajo un concepto periodístico.
El daño colateral causado en la mente del público consumidor es enorme. Además de recibir información de manera cruda sin ninguna contemplación ética o moral, el receptor es picado por la vorágine de difusión y se suma a esta tarea de manera autómata, teniendo como consecuencia los millones de ‘despachos’ o ‘reportes’ civiles que minuto a minuto saturan las redes con material inverosímil que muchas veces sería impublicable, si estuviese sometido a un básico criterio de edición periodística profesional.
Este ejercicio improvisado del reporterismo digital callejero está dañando y debilitando cada vez más el prestigio y el ejercicio profesional del periodismo en general. Las leyes que garantizan el ejercicio de la libertad de expresión amparan estas negativas acciones y dejan sin impedimento legal a esta actividad, permitiendo que sigan en progreso y se propalen sin ningún miramiento de separar un hecho de una versión y sin tener en cuenta el contexto.
Sumado a todo lo mencionado anteriormente, el periodismo sufre el embate de la Inteligencia Artificial (IA), una competencia cibernética que escapa a la capacidad humana. No hay forma de igualar la rapidez y vastedad de datos que procesa la IA. Es una herramienta poderosa y peligrosa para el ejercicio profesional del periodismo. Los medios de comunicación están fascinados por su enorme capacidad para facilitar el trabajo editorial y aliviados económicamente puesto que con ello disminuyen su carga laboral, lo que da como resultado mayor inmediatez y un ahorro en los gastos operativos de las empresas informativas.
Es así que el periodismo actual está atravesando el momento más duro de su historia, pues tenemos que el clásico proceso básico de comunicación ha mutado o evolucionado, y ahora el Receptor se ha convertido en Emisor al mismo tiempo, es decir el Receptor que antes era pasivo consumidor de información a través de los medios de comunicación tradicionales, hoy en día con la internet y el uso de su celular ha dejado este único rol, para convertirse en activo productor de contenido. Ahora el Emisor y Receptor son la misma persona. Existe entonces una especie de auto retroalimentación. Por lo que me atrevo a decir que estamos viviendo los últimos días del periodismo tradicional.
La IA se ha convertido en el verdugo del periodismo clásico. El periodista moderno se va a limitar a solicitar la información a la IA y a presionar una tecla para que sea emitida y difundida de manera masiva. Ante su ausencia, la IA podrá ser programada o autoprogramarse para prescindir del filtro del periodista profesional. Las consecuencias se presentarán ante nuestros ojos muy pronto y solo el tiempo podrá dilucidar el retorno de la esencia periodística a la plataforma digitales o su desaparición total, para dar paso a una disciplina informativa que no tendrá nada que ver con el viejo oficio de informar. Les envío a todos los colegas un saludo por el Día del Periodista, antes que la IA me lo impida.
