Mientras el fraude se pasea en sus narices, el JNE litiga con el Poder Judicial.
Cuando todos esperábamos que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) anunciara la nulidad de los partidos inscritos con firmas falsas, su presidente, Roberto Burneo, nos sorprendió con otra noticia: una demanda competencial contra el Poder Judicial por el caso Unidad Popular, del ex presidente del Poder Judicial, Duberli Rodríguez. Importante, sí. Urgente, no.
Lo medular era frenar el fraude. Si siete partidos, cuando menos, ingresaron al sistema con firmas truchas, no pueden competir. Sentido común. Dejar pasar esto es dinamitar la confianza en el proceso electoral. Pero en lugar de resolver lo impostergable, el JNE abre otro frente, como si la casa no estuviera ardiendo.
Burneo dice que la acción judicial busca proteger el calendario electoral. Perfecto. Pero ¿quién protege la legalidad y la legitimidad? Porque si hoy no se inhabilita a quienes engañaron al sistema, mañana se consolidará la trampa. Y la democracia quedará convertida en un club para el que hace mejor la ‘trafa’.

Que quede claro: no es un tecnicismo. Es el corazón del Estado de Derecho. Si el JNE no sanciona ya, esta omisión será peor que cualquier fallo judicial. Será la convalidación oficial del fraude. Y eso, en cualquier democracia que se respete, es inaceptable.
¿Dónde están las prioridades? Si el árbitro pierde tiempo mirando los pleitos en las tribunas, mientras los tramposos calientan en la banca, lo que está en juego no es solo una elección, es la credibilidad del sistema y la institucionalidad misma. Y esa, presidente Burneo, no admite prórroga.


Siempre va a ser lo mismo de lo mismo, la corrupción no nos deja avanzar
La corrupción, la desidia y el irrespeto a la legalidad.