Mientras Castillo sueña con alianzas y curules, los Acuña perfeccionan el arte del letargo. ¿Quién manda realmente en este Congreso de los favores?

La Subcomisión de Acusaciones Constitucionales (SAC), bajo el mando de María Acuña-hermana del todopoderoso César Acuña, líder de APP- se ha transformado en el escenario principal de la indiferencia y la parálisis. Han pasado 34 días desde que se aprobó investigar e inhabilitar a Pedro Castillo por su intento golpista de diciembre de 2022 y, ¿qué tenemos? Ni un delegado designado, ni una sesión convocada. Silencio absoluto. Cero movimiento. Cero vergüenza.
La congresista Acuña parece más interesada en proteger intereses que en cumplir con su deber. ¿Casualidad? Difícil de creer. Con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, sancionar al exmandatario no es precisamente el movimiento más ‘popular’ para ciertos cálculos políticos. ¿Será que el gran César, desde su trono trujillano, mueve los hilos para evitar cualquier desgaste electoral que le reste votos?
Mientras la SAC duerme, algunos castillistas convictos y confesos en el subgrupo- como Flavio Cruz o Américo Gonza- brindan en silencio. ¿Pactos ocultos? Por supuesto. Aquí huele a mercantilismo político, marca registrada de APP, que sanciona a unos y protege a otros según la conveniencia del momento.
La denuncia constitucional de Alejandro Muñante lleva cinco meses acumulando polvo, y el Congreso, con Acuña a la cabeza, exhibe sin pudor que la justicia es selectiva. Castillo, golpista procesado, sigue flotando en el limbo, mientras los acuñistas muestran su verdadera cara: la del oportunismo descarado.
Patricia Chirinos y Nilza Chacón exigen sesiones, pero sus voces se pierden en el eco de la desidia. ¿Hasta cuándo, Congreso? La SAC no es un club de siestas; es hora de despertar y actuar. Ojalá el cálculo político no sea el único ganador de esta tragicomedia nacional.
