GUERRA CONTINENTAL

El continente sudamericano será a partir de ahora escenario de una silenciosa guerra entre dos imperios. El señorío chino y el inglés. El antiguo imperio asiático ha venido desenvolviendo tácticas comerciales ancestrales para marcar su presencia y poderío en zonas estratégicas del mundo. En las últimas décadas ha enfocado su atención en Sudamérica donde ha invertido de manera silente miles de millones de dólares en infraestructura comercial estratégica para acaparar accesos y salidas comerciales para el tránsito de sus productos, así como para el manejo del ingreso de las embarcaciones de alto calado y la disposición de rutas entre el Océano Pacifico y el Atlántico. Utilizando para ello naciones con gobiernos marcados por la corrupción y/o con legislaciones débiles o vacíos normativos para lograr monopolizar actividades estratégicas a su conveniencia.
Por el lado contrario se encuentran los descendientes de antiguo imperio inglés, afincados en Norteamérica desde el siglo XV, que en la actualidad, bajo el liderazgo de Donal Trump, está decidido a recuperar terreno que debido a la indiferencia del gobierno de su antecesor, Joe Biden, se descuidó el avance de la expansión comercial china en la parte baja de América.

China se ha consolidado como el principal socio comercial e inversor estratégico en Sudamérica, superando los 500 mil millones de dólares en comercio bilateral en 2024, con un enfoque en recursos naturales (soja, hierro, cobre, petróleo), infraestructura (mega puerto de Chancay en Perú) y tecnología. Impulsado por la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el gigante asiático financia proyectos de litio y energía para asegurar materias primas y expandir su influencia geopolítica frente a los Estados Unidos de América.
China es el mayor socio comercial de países como Brasil, Perú y Chile, consolidando su posición con inversiones que crecieron 2.600% en dos décadas. El puerto de Chancay en Perú es un hito, proyectado para ser un nodo logístico regional que reducirá tiempos de envío a Asia. Alta inversión en la minería de litio (triángulo Argentina-Bolivia-Chile) y el sector automotriz, incluyendo vehículos eléctricos en Brasil.
Más de 20 países latinoamericanos se han sumado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, atraídos por la cooperación financiera y el desarrollo de infraestructura, incluyendo financiamiento en yuanes. El avance chino se intensifica con el cambio de políticas arancelarias de EE. UU., buscando un mundo multipolar y asegurando suministros energéticos y alimentarios.
Principales Impactos en Sudamérica:
Perú: El Puerto de Chancay promete impulsar el PIB y mejorar la logística hacia Asia, aunque genera dudas sobre la dependencia económica y el impacto medioambiental.
Brasil y Argentina: Son destinos clave para la inversión, con un fuerte enfoque en el comercio de soja, petróleo y minerales.
Chile: Mayor exposición a China, con más del 25% de sus exportaciones dirigidas al mercado asiático.
El comercio entre China y América Latina, que alcanzó más de 500 mil millones de dólares en 2024, se concentra en la exportación de recursos naturales desde la región, mientras que China exporta bienes manufacturados, maquinaria, electrónicos y automóviles.
El gobierno de Donald Trump está determinado a recupera el tiempo perdido y cerrarle el paso al avance chino. Es así que Estados Unidos afianza su liderazgo económico en Sudamérica en 2026, manteniéndose como el principal inversionista con un 38% del valor directo en la región. Esta ofensiva comercial incluye acuerdos de acceso preferencial, como el firmado con Argentina, y fuertes inversiones en infraestructura estratégica (modernización de la base naval del Callao en Perú) para contrarrestar la influencia china.
Argentina: En febrero de 2026 se selló un acuerdo comercial que elimina aranceles a productos agrícolas y facilita inversiones en minerales críticos, alineando a la administración de Javier Milei con la política industrial de EE.UU.
Perú: El intercambio comercial con EE.UU. sigue siendo clave (aprox. 19% del total peruano), impulsado por la exportación de oro, hidrocarburos y frutas. EE.UU. invierte US$ 1.5 mil millones en el Callao para modernización militar/logística.
A pesar de que China es el principal socio de Brasil, Chile y Perú, Estados Unidos mantiene una fuerte presencia en la región, superando a la Unión Europea en inversión directa y buscando reducir la influencia de Pekín en minerales estratégicos y tecnología. El avance se centra en minerales críticos, energía, tecnología, productos agrícolas, y servicios financieros.
En resumen, es una guerra comercial no declarada, que recién comienza y nos coge, a nosotros los peruanos, en un momento político especial, debido a que estamos en un año electoral, puesto que en abril elegimos presidente, senadores y diputados y en octubre gobernadores y alcaldes. La visión de estas autoridades electas debe ampliarse a una perspectiva comercial geopolítica amplia y de fondo, para aprovechar dichas circunstancias y favorecer a nuestro país.
Es urgente elaborar un plan comercial nacional de comercio exterior, de cara a tener un planteamiento base hacia las ofensivas comerciales de ambos imperios. El Estado debe estar ya trabajando en ello, para que las nuevas autoridades le den el visto bueno a esta plantilla comercial de negociación, que es de interés nacional.
Si somos inteligentes y estamos preparados para trabajar como Nación, podremos a provechar esta guerra comercial para sacarle el mayor provecho y utilizar nuestra posición y recursos para consolidarnos de una vez por todas como potencia comercial sudamericana. Dios ilumine la visión de nuestros gobernantes. Hagámoslo realidad votando con inteligencia. (LUDE)
‘El imperio es el comercio’. JOSEPH CHAMBERLAIN
