Rubio no llega a Lima solo para hablar de seguridad. Estados Unidos vuelve a mirar al Perú mientras China ya está sentada a la mesa. La oportunidad existe. El error sería creer que debemos escoger dueño.

Marco Rubio no vino al Perú a tomarse una foto. Tampoco Washington ha redescubierto súbitamente nuestra gastronomía. Cuando el secretario de Estado de la principal potencia occidental aterriza en Lima hablando de seguridad, inversiones, comercio, minerales críticos y China, conviene escuchar también lo que no dice.
Su visita tiene un mensaje entre líneas. Estados Unidos quiere volver a disputar seriamente un espacio que durante años dejó crecer a China.
Pekín entendió perfectamente la indirecta. Por eso respondió incluso antes de que Rubio llegara. Y cierta izquierda peruana también reaccionó con su viejo repertorio de ‘imperialismo’, ‘injerencia’ y ‘patio trasero’. Curiosamente, algunos parecen escandalizarse mucho más por un secretario estadounidense de visita que por la creciente presencia china en infraestructura estratégica.
Pero sería igualmente ingenuo cambiar una venda por otra.
Rubio no viene por filantropía. Estados Unidos tiene intereses y hace bien en defenderlos. Quiere seguridad hemisférica, contener el narcotráfico, asegurar cadenas de suministro, acceder a minerales críticos y recuperar influencia frente a China. El Perú debería hacer exactamente lo mismo. Defender los suyos.
Ahí está el verdadero valor de la visita.
Para un país golpeado por el crimen organizado, la cooperación estadounidense en inteligencia, tecnología, entrenamiento y lucha contra el narcotráfico puede resultar valiosa. La incorporación al Escudo de las Américas abre esa posibilidad. También interesa atraer inversión norteamericana, diversificar mercados y conseguir cooperación frente a un Fenómeno del Niño que no espera debates ideológicos.
Pero Washington también trae competencia.
Rubio ha sido explícito al cuestionar proyectos chinos por sus riesgos para la transparencia, los datos y la soberanía. No es casual que mencione minerales críticos ni que su gira por Colombia, Ecuador y Perú combine seguridad con comercio e inversiones. La geopolítica moderna ya no llega únicamente en portaaviones. También llega en puertos, radares, cables, minerales, contratos y servidores.
Perú tiene aquí una oportunidad extraordinaria si evita convertirla en un concurso de lealtades.
China es nuestro principal socio comercial y Estados Unidos un socio histórico, político, comercial y de seguridad fundamental. Romper con uno para agradar al otro sería tan absurdo como entregarles un cheque en blanco a ambos.
La política exterior inteligente no elige padrinos. Elige intereses.
Que Washington quiera recuperar terreno es comprensible. Que Pekín quiera conservarlo, también. Lo verdaderamente importante es qué obtiene el Perú de esa competencia.
Rubio llega ofreciendo una relación más estrecha. Bienvenido sea.
Pero entre el águila y el dragón, el Perú no debería escoger jaula. Debería aprender a volar.
