Todos hablan de los indecisos, pero pocos miran el otro dato decisivo, el voto blanco, nulo y viciado, que esta vez podría achicar la pelea real por la segunda vuelta.

Las encuestas de marzo no se anulan entre sí, se encuadran distinto. Datum resalta un enorme universo de voto no consolidado, CPI separa mejor a los indecisos del blanco y viciado, e IPSOS, en su última foto, confirma el empate técnico en la punta y añade un cuádruple empate en el pelotón perseguidor entre Alfonso López Chau, Roberto Sánchez, Carlos Álvarez y Jorge Nieto, todos con 5%. Son fotografías distintas del mismo país, y cada una ordena la conversación pública a su manera.
Pero cuando se cruzan esas fotos, el dibujo central no cambia demasiado. Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga siguen arriba con una consistencia poco habitual en una campaña peruana. IPSOS los ubica en 11% y 10%; Datum los mostró en 11.9% y 11.7%; CPI, en 10.1% y 11.2%. La verdadera turbulencia no está en la punta, sino detrás de ella.
Y aquí conviene desconfiar un poco del relato fácil sobre los ‘indecisos’. Porque no todo elector que hoy no cierra su voto terminará escogiendo candidato. IPSOS reporta un 21% entre blanco, viciado o rechazo a toda la oferta, además de 15% sin preferencia definida; Datum reporta que 57% aún no tiene el voto decidido; y CPI, por su parte, separa 16.5% de blanco o viciado y 23.1% de indecisos. Dicho de otro modo, el mercado electoral realmente disponible quizá sea bastante más pequeño de lo que sugieren los titulares.
Eso ayuda a leer mejor lo que ocurre debajo de los punteros. Wolfgang Grozo había logrado salir de ‘otros’ y empezar a existir como novedad. Aparecía como el outsider de la contienda. Pero las candidaturas de irrupción viven de un activo demasiado frágil: la credibilidad. Cuando esa credibilidad se quiebra, el espacio que abrieron no desaparece; se dispersa. Parte de ese vacío parece haber sido capturado por Jorge Nieto, no por cercanía ideológica, sino por funcionalidad electoral. Esa hipótesis no contradice a las encuestas; más bien ayuda a leer mejor la nueva fragmentación del segundo pelotón.
En ese mismo tramo aparece López Chau. Sigue siendo competitivo, pero hoy luce más estancado que ascendente. Y su problema no es solo de impulso, sino también de territorio electoral. Tanto él como Roberto Sánchez y, algo más rezagado, Yonhy Lescano, disputan en buena medida un mismo bolsón de electores, especialmente el voto radical y contestatario del sur y del centro del país. Si tres candidaturas pugnan por la misma bronca, lo más probable no es que una despegue, sino que se neutralicen entre sí. IPSOS, al mostrar el empate múltiple en ese pelotón, refuerza precisamente esa impresión.
A todo eso se suma el formato ‘ingenioso’ del debate organizado por el JNE, con candidatos distribuidos en seis fechas, jornadas de alrededor de 12 postulantes por día y bloques armados por ternas y temas. Sobre el papel, la dinámica busca ordenar la exposición y forzar respuestas concretas. En la práctica, sin embargo, semejante atomización corre el riesgo de parecer más un circo electoral que una verdadera confrontación de ideas. Y quizá, justamente por ese exceso de fragmentación, estos debates no terminen moviendo la aguja como en otras campañas. Pueden producir momentos, cruces y titulares, pero no necesariamente modificar el cuadro de fondo.
Mi pronóstico, por ahora, sigue siendo reservado, pero no ambiguo. La segunda vuelta más probable continúa siendo, hoy, entre López Aliaga y Keiko. López Chau conserva opciones, aunque hoy aparece estancado, además de atrapado en una disputa por el mismo electorado con Sánchez y Lescano. Nieto, en cambio, es quien mejor estaría capitalizando el vacío dejado por Grozo si logra consolidarse como candidatura creíble.
Y hay una ironía final. Después del desgaste que arrastran las encuestadoras tras sus desajustes en elecciones recientes, sería casi una rareza que esta vez dos candidatos hayan tomado la punta y la mantengan, de principio a fin, hasta la foto final. Si eso ocurre, no solo dirá algo sobre esta campaña. Dirá también algo inusual en el Perú, que, por una vez, las encuestas se parecieron bastante a la realidad.
