La primera jornada entre ternas presidenciales dejó más golpes bajos que propuestas.

El primer día de debates entre las ternas de candidatos a la Presidencia de la República dejó una sensación incómoda: más que un ejercicio de contraste democrático, pareció un tosco combate de box improvisado, cargado de puyas, golpes bajos y viejas facturas políticas puestas en escena.
Uno de los momentos más ásperos lo protagonizó Yonhy Lescano. Con oficio de viejo zorro, reflejos y cálculo político, lanzó duros cuestionamientos contra Alfonso López Chau, recordándole un pasado judicial por asalto y robo. La réplica no tardó. López Chau devolvió el golpe acusándolo de haber cobrado cheques del Congreso mientras, según dijo, él defendía a los alumnos de la UNI. Lescano también buscó arrinconar a Carlos Álvarez, al aludir a una supuesta cercanía con Vladimiro Montesinos. Lo del excongresista de Acción Popular no fue un ataque casual: el objetivo parecía claro, disputarle a López Chau el voto más radical del centro y sur del país.
Por otro lado, Fernando ‘Popy’ Olivera salió decidido a incendiar el escenario. Su blanco fue César Acuña, a quien golpeó sin contemplaciones con acusaciones sobre sus vínculos con los Sánchez Paredes, el narcotráfico, la Universidad César Vallejo e incluso una presunta estructura criminal vinculada a Alianza Para el Progreso. Acuña, descolocado, quedó sin reacción frente a una arremetida demoledora que lo dejó prácticamente fuera de libreto.

En el tercer frente, Álex Gonzales optó por colgarse del puntero. El exalcalde de San Juan de Lurigancho buscó protagonismo atacando a Rafael López Aliaga, líder en intención de voto desde el arranque de la campaña. Le enrostró un sinnúmero de denuncias penales, el caso de los ‘trenes chatarra’ y los bonos emitidos por la Municipalidad de Lima por 4 mil millones. También lo llamó mentiroso. Pero López Aliaga, lejos de engancharse, eligió una estrategia más fría: ignorarlo casi por completo.
Al final, el formato quedó severamente deslucido. Lo que debía ser una oportunidad para confrontar ideas, planes y visiones de país terminó convertido en una bufonada por momentos grotesca. Varios de los que dicen venir a combatir la vieja política apelaron, precisamente, a sus peores mañas. Y así, entre acusaciones, escándalos y oportunismo, el debate perdió altura, seriedad y sentido.
