
DEBATE SIN EMPATE

El debate presidencial ha servido para poner en evidencia que Fuerza Popular es hoy en día un partido vigente, fuerte, organizado y en crecimiento, algo que ninguna organización política de su misma edad estaría en capacidad de decir, pues casi todos sus pares contemporáneos han desaparecido debido a la valla electoral de la primera vuelta.
La candidata Keiko Fujimori Higuchi ha demostrado con su participación en el debate presidencial de la Segunda Vuelta, que posee el temple y los atributos intelectuales y físicos para dirigir el país de manera inteligente, técnica, moderna, coherente y disciplinada. El tiempo ha hecho su trabajo y el árbol de la experiencia ha comenzado a dar sus frutos.
En medio del debate y ante la andanada de ataques por parte del representante de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez Palomino, Fujimori Higuchi supo mantener la calma y no caer en las provocaciones para responder con datos, cifras y argumentos técnicos comprobables. Lo cual a algunos espectadores les pudo parecer una actitud aburrida, pero hay que ser conscientes de que este no era un show mediático, sino una presentación seria y profesional de propuestas políticas, económicas, legales y sociales, en la que se tenía que argumentar las ideas con sustento técnico.
En ningún momento Fujimori Higuchi dejó de lado su pauta técnica, lo cual le dio la seriedad y sobriedad que dicho debate ameritaba. Por su parte, Sánchez Palomino quiso convertir el set en un mitin partidario, pero grande fue su desconcierto al no oír después de sus intervenciones ningún aplauso, ni vítor. Eso lo sacó de cuadro repetidas veces y la expresión de su rostro lo puso en evidencia: era de un desconcierto total.
De los planteamientos mencionados por Sánchez Palomino es muy poco lo que se puede rescatar, pues la improvisación y la copia de propuestas de otros partidos hicieron de su discurso una serie de peroratas dispersas con tufo a asamblea sindical. El recurso de la provocación, mediante las indirectas, escaló a la cima cuando Sánchez Palomino se refirió de manera irrespetuosa a la familia Fujimori Higuchi. Luego de ello, a su turno, la lideresa de Fuerza Popular lo regresó a la realidad diciéndole: ‘Qué poco hombre es usted’. Luego se dirigió a sus hijas invocándolas a no hacer caso de dichas injurias. El rostro de Sánchez Palomino estaba brilloso de sudor y mostraba una mueca de desconcierto que no pudo borrar por varios segundos. Minutos eternos de un bochornoso e irrespetuoso impase provocado por el líder izquierdista, que deslucieron un enfrentamiento de ideas y propuestas.
Keiko Fujimori ha demostrado que está preparada para el cargo. La vida y las vicisitudes de hacer política en el Perú le han pasado la factura, haciéndole pagar precios altísimos que la llevaron hasta perder su libertad y estar sometida a injurias y calumnias por años. Todo ello ha sido capitalizado por ella de manera positiva, para mostrase hoy en día como una mujer fuerte, decidida, valiente y en búsqueda de la oportunidad de demostrar sus dotes de estadista.
Por su parte, Sánchez Palomino resultó siendo un remedo de viejos personajes de la izquierda mañosa, de esa izquierda engatusadora que es capaz de mentir para conseguir sus propósitos. Criticó furibundamente al Congreso de la República, vapuleando su accionar, olvidándose que él forma parte de este parlamento. Y la cereza de este pastel de barro la puso Juntos por el Perú, al presentar el lunes por la mañana un nuevo Plan de Gobierno. O sea, un día después del debate presentan un nuevo texto para gobernar el Perú. Unos contrasentidos éticos e ideológicos inexplicables y censurables.

Lo cierto es que el electorado peruano a trancas y barrancas viene madurando y aprendiendo a detectar la mentira y el engaña muchacho en los discursos políticos, sobre todo el electorado inteligente, no el fanatizado. Los votantes que conforman este último grupo tienen una cita pendiente con su psiquiatra o su psicólogo, pues un empecinamiento a favor del lado siniestro solo puede ser síntoma de una enfermedad mental o del alma. Habría que estar falto de cordura para no saber diferenciar entre el bien y el mal. Y este es un tema serio, pues nuestra sociedad está doliente y requiere atención de urgencia, pero para ello necesitamos estabilidad política y un gobierno decidido a asistirla, para primero librarla de la violencia, darle servicios de salud dignos, estabilidad laboral y económica, para seguir luego atendiendo sus necesidades de vivienda y servicios. En el debate presidencial de la segunda vuelta el candidato que haya sido capaz de hacer llegar con serenidad un mensaje de seguridad y paz a la ciudadanía, de seguro será el ganador y nuevo presidente de la república.
Este domingo 7 de junio, los peruanos tenemos una cita con la responsabilidad y el derecho de tener una vida digna, segura y estable. No hay lugar a apostar por el odio o la revancha. No se puede ir a votar con espuma en la boca y decidido a dispararse a los pies. Esa actitud repetitivamente suicida debe ser erradicada por el electorado. Todo ser humano pensante tiene el derecho de cambiar de opinión sin dar explicaciones y elegir de acuerdo a los nuevos tiempos y a lo que nos dicta la razón y no la pasión. En Dios confiamos que así será.

